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¡HERMANOS HUMANOS, TENGAN COMPASIÓN! PDF Imprimir E-mail
Escrito por la redacción de México Unido Por el Respeto a los Animales (MUPRA)   
Lunes, 27 de Abril de 2009 02:22

¡HERMANOS HUMANOS, TENGAN COMPASIÓN!

« Que los campos de trigo os hablen sobre la misericordia de Dios hacia cada criatura »
Nuestra Señora de Medjugorje, 25 de octubre de 1999.

« Por un bocado de carne privamos a un alma de sol y luz, y de la porción de vida y tiempo con la que nació para disfrutar del mundo »
Plutarco.

 

La industria ganadera es responsable de un 50% del calentamiento climático

 

Los bovinos rumian el 30% de nuestros cereales. Bastaría renunciar a la carne para aplacar la penuria de granos preservando a la vez el entorno, nuestra salud, y salvando millares de vidas inocentes


 

« La élite intelectual en los países desarrollados encuentra perfectamente normal inquietarse por la sobrepoblación en el mundo, pero siempre olvida un hecho. La verdadera sobrepoblación, es la del ganado.» 

Jeremy RifkinEl autor de estas frases no es un vacófobo excéntrico o un vegetariano fanático, sino el economista estadounidense Jeremy Rifkin, autor, entre dos ensayos sobre el trabajo o las nuevas tecnologías, del apasionante «Beyond Beef» («Más allá del bife»), un ensayo sobre el impacto devastador de la industria de la crianza. ¿Sobrepoblación? Con 1,4 millares (miles de millones) de vacas, nuestro planeta se desploma en efecto literalmente bajo el peso del ganado: ¡el peso cumulado de todos estos rumiantes es superior al de toda la población humana con sus seis mil millones de habitantes! Y es cada vez peor. La producción de carne se ha multiplicado por cinco desde los años 1950, para pasar a 265 millones de toneladas. Y debería llegar todavía al doble en los veinte años por venir.

Con qué enloquecer a los expertos en alimentación, que vaya que se preguntan cómo podrá la tierra alimentar a los 3 mil millones de humanos suplementarios de estas próximas décadas. La concurrencia entre los animales de crianza y los hombres se anuncia muy ruda. Pues 80% de la alimentación animal proviene de culturas que convendrían igualmente al consumo humano: maíz, soya. En la era de la crianza industrial, nuestras bestias acaparan por sí solas el 60% de la producción mundial de cereales, ¡es decir 670 millones de toneladas! Un volumen que bastaría ampliamente para alimentar a los 850 millones de seres humanos que sufren de malnutrición.

Los bifes argentinos y las barbacoas texanas no están al alcance de todos. Tampoco los granos y cereales… De hecho, de un punto de vista maltusiano, la carne no es «rentable». Se estima que un vegetariano consume en promedio 180 kilos de grano anualmente, mientras que un consumidor de carne gasta 930 kilos de granos al año. Para comparar el rendimiento de diversas especialidades agrícolas, los agrónomos calculan una tasa de conversión alimentaria que corresponde a la relación entre el número de proteínas consumidas y producidas. Para obtener 1 caloría de pollo, hacen falta 4 calorías de alimento vegetal. Ídem para los puercos o los huevos. En lo que a la leche se refiere, se brinca hasta 8. Y para el buey, a 17, ¡incluso mucho más! En comparación, la patata es mucho menos golosa, su tasa de conversión siendo tan solo de 0,46. Por ejemplo, un kilo de ternera se puede comparar a 100 kilos de patatas, en valor energético. Un campo de pasto normal produce 330 kilos de carne; el mismo campo, sin embargo, puede producir 40 000 kilos de patatas. Y todavía no contamos las necesidades en agua: para producir 100 gramos de res, se precisan 25 000 litros de agua. En un país como México, donde la pobreza generalizada y el hambre no dejan de incrementarse, ni el agua de escasear y sernos escamoteada, por así decirlo, estas cifras apabullantes deberían hacer reflexionar a más de uno sobre el tema. Al menos acordarse de él de paso entre dos almuerzos.

Ahora, además de glotón, nuestro ganado es también expansionista. En total, la crianza y la producción de los alimentos para el ganado ocupan el 78% de las tierras agrícolas mundiales, es decir 30% de toda la superficie del globo, tres veces más que en 1960. «Sobre una hectárea de terreno, un agricultor puede alimentar una treintena de personas si lo dedica a la cultura de legumbres o de frutas. Si produce huevos o carne, la proporción pasa a cinco personas. Y a mucho, mucho más, si no se trata más que de carne roja», dice Bruno Parmentier, autor de «Nourrir l’humanité» («Alimentar a la humanidad») y director de la Escuela superior de Agricultura de Angers.

 

PELIGROS VERDES CON CUATRO PATAS

 

Deforestación de bosques y selvas para la industria cárnica¿Lo más insensato? Es que toda esta carne está destinada prioritariamente al 0,1% de la población del planeta, la ínfima pequeña minoría de los ricos de este mundo. Nuestro consumo de carne pasó de 30 kilos por persona y al año en 1919, a más de 100 kilos hoy en día. Es tres veces más que la cantidad preconizada por los organismos de salud. No solo nuestro régimen carnívoro hambrea al planeta, sino que nos mata por el recrudecimiento de las enfermedades de los «bien alimentados»: accidentes cardiovasculares, diabetes, obesidad...

Y para no arreglar nada, contribuye al calentamiento climático.

Según un reporte publicado en 2006 por la FAO, la crianza es responsable del 18% de las emisiones de gas de efecto invernadero. ¡O sea más que el sector de los transportes, todos los vehículos considerados! En 2008, según informes de T. Colin Cambell, « las nueva cifras indican que al menos la mitad de los gases de efecto invvernadero presentes en la atmósfera hoy en día, - y probablemente considerablemente más aún – se debe a la producción de ganado ».
 
Con sus flatulencias cargadas de metano, sus toneladas de estiércol repleto de gas hilarante, el famoso NO2 igualmente de los más nocivos, sin contar las emisiones de amoniaco sinónimos de lluvias ácidas y sus deyecciones que contaminan las capas freáticas, nuestros encantadores millares de bovinos son peligros verdes de cuatro patas. La extensión de sus pastos causa estragos. En América central, 20% de las zonas silvestres ya han sido arrasadas. Y todavía es peor en Brasil, donde el 38% de la Amazonia ha sido sacrificada para la crianza de bovinos destinados al destace. Una deforestación que los industriales de la carne aceleran con las inmensas plantaciones de soya destinadas a alimentar… ¡a las vacas y cerdos!

 

SI ESTA INDUSTRIA ES TAN NOCIVA, ¿CÓMO EXPLICAR SU ÉXITO?

Obesidad en los países de OccidenteDurante los últimos cincuenta años, el consumo de alimentos de origen animal (carne, pescado, leche y productos lácteos, huevos) se extendió de manera exponencial en toda Europa y los países industrializados. Hoy en día, dichos productos tienen un precio muy bajo, en relación con los costos reales de producción, a menudo incluso más bajos que los alimentos vegetales que por la fuerza de las cosas, requieren no obstante una cantidad de materias primas, de energía y de trabajo muy inferior.

Esto sucede porque los ganaderos y los pescadores reciben del Estado (en Europa la Unión Europea también participa en este subsidio) ayudas monetarias directas e indirectas: en substancia, lo que nosotros como consumidores no pagamos en la caja del supermercado, se nos cobra en impuestos, y de esa forma quienes optan por no comprar alimentos de origen animal de todas formas acaban pagándolos igualmente…
Todo esto es tanto más grave cuanto que las consecuencias del fuerte consumo de carne, pescado y otros alimentos de origen animal son pesadas y peligrosas cargas para el entorno, la salud humana y el desarrollo de los países pobres.

Vaca herida y postrada en una factoría industrial. Nadie la atenderá; nadie se apiadará de ella. Es en este estado como esperará su turno para ser arrastrada al matadero, destazada viva y distribuida: el cliente espera su almuerzo. Si los gobiernos e instancias estatales apoyaran y promulgaran, por medio de sus subsidios, únicamente el consumo de alimentos sanos y con de poco – o nulo – impacto en el entorno, estaríamos frente a una acción enteramente positiva.
Pero por desgracia, apoyan al contrario alimentos cuya producción y consumo tienen efectos devastadores... y esto no tiene por qué ser aceptado ni caucionado legalmente; corresponde a nosotros como ciudadano ponerle fin a este estado de las cosas y de empujar a las autoridades a adoptar una política más clarividente, sensata y que proteja el entorno y la salud humana en vez de ponerlas en peligro como es el caso actualmente.

En efecto, debemos intervertir sin demora esta tendencia autodestructiva, antes que nada poniendo fin a todo tipo de subsidios a la industria ganadera, a la pesca y a las culturas de cereales destinados a los animales de crianza, primero tomando consciencia de la gravedad de este problema y sus consecuencias en múltiples ámbitos, y enseguida participando activamente denunciando cuán peligrosa es la práctica de la crianza y a qué grado participar en ella con el dinero público es inaceptable.

Finalmente, no dejaremos de mencionar un beneficio más de una actitud responsable y que no debemos pasar por alto, pues concierne a la faceta más negra y perversa de este cruel sistema y que por ello nadie quiere ver ni evocar: la obligación que tenemos de tomar en muy cuenta las condiciones de vida concentracionarias, la tortura permanente y muerte abyecta que les son impuestas a los animales durante estos procesos de producción, y sobre todo luchar cotidianamente por acabar con esta barbarie indescriptible.

 

ADEMÁS DE LA DFORESTACIÓN MASIVA Y DEL CALENTAMIENTO GLOBAL, HAY UN TEMA MÁS GRAVE, Y DEL QUE NADIE LE HABLA:
EL SUFRIMIENTO, LA ENFERMEDAD Y LA AGONÍA INDISCRIMINADOS SON CONSECUENCIA Y REQUISITO DE LA INDUSTRIA CÁRNICA

 

 

Una existencia en la granja industrial: Esta cerda que acaba de parir permanecerá 3 semanas inmovilizada, anquilosada sobre el mismo costado; no lamerá nunca a sus cachorros, se hará encima diariamente, comerá acostada como pueda, y luego, repleta de medicamentos y drogas para aumentar su peso y producción, volverá a ser engordada brutalmente por la mano bestial del hombre, para ser acostada enseguida nuevamente, hasta que la muerte sea decidida para ella cuando ya no sea hallada rentable…
Una vida, en la factoría industrialEntonces, este animal notable por su alta inteligencia en el reino animal, incapaz de caminar, tendrá no obstante que hacerlo, entumido, flaqueante y golpeado repetidamente para que ande más rápido, hacia el camión de transporte que conduce, a veces durante días enteros y agotadores, al matadero del terror. Nunca hará una salida, nunca verá el sol, nunca conocerá un descanso. Ninguna alegría, ningún gesto de ternura existe para los « objetos », los « productos », los « bienes inmuebles » de consumo… Desde el nacimiento hasta la muerte, los animales que usted compra higiénicamente plastificados y consume sin ningún escrúpulo viven un calvario inimaginable en un universo concentracionario permanente, su suerte en este mundo es sufrir, solamente para satisfacer nuestro insaciable apetito y hedonismo desmedido.
Ahora, es manifiesto que todo este infame tratamiento debilita las defensas de los organismos de los animales, maltratados y torturados hasta límites inimaginables por agricultores e industriales descerebrados, movidos por pura avidez de lucro y vergonzosamente cubiertos por la ley. Lo más seguro, lo más decente, adivine usted, sería detener absolutamente estas prácticas desalmadas y enfermizas, acabar por completo con los criaderos de la vergüenza.
O sea, dejar de comer sus inmorales y sucios productos. En efecto, ¿qué podemos esperar que resulte de la vida nociva y antinatural que se impone a los animales, sino enfermedades?
El único problema para los hombres, dado que sus actos no les inspiran suficiente espanto como para privarse de sus placeres y detener sus horrores, es que una vez en la naturaleza, una vez combinados con virus humanos, dichas enfermedades se hagan transmisibles de hombre a hombre. El caso del H1N1, gripe porcina podría no ser más que un trágico y doloroso recordatorio de estos abusos indescriptibles. 

Colas y testículos de lechoncitos. Mutilados sin anestésicos, también los dientes les son arrancados de esta forma.

 

 

TRATADOS COMO VILES MÁQUINAS DE PRODUCCIÓN

 


Diariamente, los animales, en esta imagen un bovino – seres dotados de individualidad, de sensibilidad y una personalidad propia, capaces de sentir dolor y frustración, gozo y tristeza – son tratados con menosprecio y desalmado desdeño, como meros objetos, como vulgares medios y materia de producción por los industriales de las granjas intensivas. Como miles de millones más en todo el mundo, la vaquilla de nuestra imagen esperó aquel día su triste destino en una prisión infecta durante una subasta, donde fue vendida al mejor postor; como si hubiera sido una lámpara o un tapete. Más preocupante aún es saber que además de contribuir a padecer osteoporosis, la leche contiene hormonas, antibióticos, pesticidas y es causante de varias enfermedades infecciosas. Esto se debe a que hoy, además se someterlas a manipulaciones genéticas y técnicas intensivas de producción, se le suministra a las vacas cantidades masivas de hormonas especiales, como la de crecimiento bovino (BGH) y esteroides, para aumentar la producción. Esto provoca que sus ubres sean tan grandes que se arrastren por el piso y se infecten, lo cual conlleva al uso 80 de antibióticos constantes. En efecto, una vaca sana y que lleva una vida decente en el campo puede darnos hasta cuatro litros y medio de leche al día, mientras que la industria moderna, tortura a estos animales para hacerlos producir hasta 45 litros al día...
Así le paga el hombre moderno al noble animal que le ha servido toda su vida, literalmente hasta su último aliento.Horrible constatación, a la hora de conectarlas a los succionadores de metal y extraer la leche, los antibióticos y otros productos permanecen en ésta última, aun después de procesarla, lo cual causa serios transtornos en las personas, en especial en los niños, cuyo organismo es alterado por dichas sustancias. Esta es la razón por la cual muchos niños se enferman con mucha frecuencia y las niñas en la actualidad tienen su menstruación mucho más temprano que en el pasado, conociendo por otro lado un desarrollo de sus senos más importante. Por desgracia, no importándoles la salud pública y menos aún el sufrimiento infernal infligido a los animales, sino exclusivamente sus inicuos beneficios monetarios, las empresas lecheras invierten millones de dólares cada año en mercadotecnia y difusión mediática de sus productos, a sabiendas que el consumidor promedio no invierte el tiempo en investigar reportes médicos, sino en ojear revistas de variedades y ver televisión chatarra...
Finalmente, volviendo a las principales víctimas de esta viles prácticas, señalemos que la esperanza de vida de una vaca en su estado natural es de unos 25 años; minadas sin descanso y desgastadas hasta la muerte, la de las vacas lecheras en las granjas de producción intensiva rara vez rebasa los 6 años. Una vida miserable y  truncada, (des)hecha de angustia y de atroces suplicios que no terminarán hasta el fallecimiento del animal por agotamiento extremo y su postrer liquidamiento en un destazadero o evacuación en un contenedor de desechos. Trágica conclusión de una existencia sórdida cuya única, dramática e irrisoria finalidad, habrá sido el que podamos degustar plácidamente nuestro vaso de leche en el desayuno o la merienda.

 

LAS MAZMORRAS MEDIEVALES MÁS EN BOGA QUE NUNCA

 

He aquí el único universo que este becerro conocerá jamás antes de acabar en un plato.Arrancados a sus madres, a veces extraídos todavía trémulos y humeantes de sus vientres cercenados en carne viva mientras éstas, recién degolladas, penden desangrándose de una cadena de matadero, los becerros criados para la producción de carne de ternero son confinados en cajones fétidos y obscuros de menos de un metro de ancho, en los que su frágil cuellito de recién nacidos es encadenado de inmediato para mantenerlos rigurosamente inmovilizados.

¿Por qué razón?
Para que su carne permanezca intacta y tierna, y así satisfaga el paladar exigente de los gourmets.

A estos becerritos, además de imposibilitarles cualquier tipo de ejercicio que pueda desarrollar sus músculos, se les reduce a una dieta única que consta de una fórmula líquida baja en hierro, y que tiene muy poco valor nutritivo.

¿Por qué motivo?
Para que su carne permanezca blanca, y así satisfaga la estética exigente de los gourmets.

Evidentemente, este tratamiento abominable enferma a los becerros, que comúnmente sufren de anemia, neumonía y diarrea, en la que yacen enfangados día y noche mientras dure su existencia. Asustados, enfermos, batidos en su defecación y abandonados a su sórdida soledad en la tiniebla perpetua, son masacrados un día a los 5 meses de vida, para terminar convertidos en finos cortes selectos e impecablemente envueltos en plástico celofán en un estante del súper mercado, y enseguida servidos en una mesa limpia y bellamente adornada de un restaurante nice...

¡No sea indiferente a su dolor!

 

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Última actualización el Viernes, 18 de Septiembre de 2009 02:31