| LA ACTITUD DE LOS CRISTIANOS ANTE LA PROTECCIÓN ANIMAL |
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| Escrito por la redacción de México Unido Por el Respeto a los Animales (MUPRA) |
| Miércoles, 27 de Mayo de 2009 03:18 |
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LA ACTITUD DE LOS CRISTIANOS ANTE LA PROTECCIÓN ANIMAL Por el Sr. Jean Gaillard).
Exposición presentada por Jean Gaillard en el Círculo de Estudiantes Católicos de Estrasburgo, durante un debate sobre el tema: « Las iglesias de cara al sufrimiento animal » (9 de octubre de 2002).
Evocaré sobre todo la actitud de los católicos en Francia en la época moderna. Bajo su forma moderna, la protección animal nace en Europa a mediados del siglo XIX. Y en Francia, en dos ocasiones pudimos tener el sentimiento que la Iglesia católica iba a comprometerse con ella ampliamente. Primero en sus inicios. Algunos sacerdotes adhirieron a las sociedades protectoras e incluso ocuparon en ellas funciones de dirección. Así, la S.P.A. de París contaba con 13 de ellos en 1864, y 28 en 1868. Dos obispos dirigieron una carta pastoral sobre el deber de tratar bien a los animales. Durante el Segundo Imperio los cardenales eran por derecho miembros del Senado: el cardenal Donnet, arzobispo de Burdeos, intervino muchas veces en su favor ante dicha asamblea. El abogado Alexis Godin desarrollaba una reflexión religiosa sobre los deberes del hombre hacia los animales en su revista « Le protecteur des Animaux » (« El protector de los Animales »), que apareció durante dos años. Sin embargo, en los años que siguieron, el deseo del Cardenal Donnet de ver a la Iglesia tomar la cabeza del movimiento en favor de los animales no se realizó. A pesar de algunas declaraciones episcopales rápidamente olvidadas y la dedicación real de ciertos sacerdotes, el clero en su conjunto permaneció indiferente a la suerte de los animales, y la enseñanza religiosa sigue ignorándolos. Por otra parte, en la protección animal se desarrollaba una corriente laica – de la que Víctor Hugo es sin duda el más célebre representante – que rechazaba la influencia de la Iglesia. Una suerte de foso se creó así entre el clero y los defensores de los animales, sin que hubiera nunca una ruptura total y abierta; algunos sacerdotes siempre fueron miembros de la S.P.A.
En aquella época, los cristianos buscaban sobre todo a abrirse al mundo moderno. En la Iglesia se desarrollaban corrientes que tendían a reducir al Evangelio a un humanismo religioso. El clero celebraba el progreso de las ciencias y de las técnicas, y reconocía al Hombre todos los derechos sobre la naturaleza. Se preocupaba sobre todo de problemas económicos y sociales, incluso políticos. La grave crisis que sacudió pronto a la Iglesia acaparaba la atención, y ya no era el caso inclinarse hacia los animales. El concilio Vaticano II me parece una buena ilustración de ese estado de ánimo: en los múltiples textos que adoptó, no se cita nunca a los animales, aún cuando hallamos en él páginas sobre la creación en general. Fue pues en un contexto difícil en el que fundamos en 1969 la Asociación Católica por el Respeto de la Creación Animal; y tuvimos que contentarnos con el apoyo de algunos sacerdotes. En el mismo momento, Mons. Fusaro, un prelado veneciano más dichoso que nosotros, obtenía el apoyo de varios obispos italianos para su Lega di San Francesco (1). En Alsacia, el pastor Schantz, siguiendo el ejemplo de Albert Schweitzer, predicaba en favor de los animales.
¿Cómo reaccionan los defensores de los animales a este silencio de la Iglesia? Los católicos sinceros continúan practicando, pero a menudo se sienten incómodos en su comunidad cristiana. Aquellos cuya fe es incierta, más numerosos, dejan de practicar, e incluso con frecuencia dejan la Iglesia, a la que reprochan haber traicionado el mensaje de amor universal de Cristo limitándolo a la humanidad solamente; frecuentemente se voltean hacia otras religiones. Marguerite Yourcenar lo escribió, pero no es la única; son miles y miles como ella. Los amigos de los animales, practicantes o no, han multiplicado los trámites ante el clero, las más veces sin éxito. Su decepción se transforma frecuentemente en hostilidad, y muchos ni siquiera se interesan ya en la Iglesia de la que ya no esperan nada. La mayoría de los católicos practicantes no se dan cuenta del escándalo que levanta la indiferencia de su Iglesia ante la suerte de los animales; y a menudo se muestran sinceramente sorprendidos cuando se les revela. No querría terminar en una nota pesimista, pues lentamente una toma de conciencia se hace en los cristianos de diversas confesiones, sobre todo en Inglaterra y en Alemania, creo, pero incluso en Francia. Ya está bien avanzada en lo que a la naturaleza en general se refiere; lo está menos en cuanto a los animales. He aquí algunos ejemplos. NOTAS: 1) El 4 de octubre de 1997, Mons. Ermenegildo Fusaro lanzó la siguiente « Apelación de la Liga di San Francisco ».
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| Última actualización el Miércoles, 03 de Junio de 2009 22:50 |